Una semana como escritos en mi cabeza.
Por: Malena
Entre el olvido, suspiros perdidos y caminos cruzados, he logrado terminar mi pequeño proyecto de escritura. Con orgullo puedo presentar "Una semana como escritos de Villa" por Malena
Una semana como escritos de Villa
Lunes
Me gustan los lunes por su coincidencia con inicios, su carga de energía para nuevos avisos su esperanza en un futuro el cual ya es presente, aunque a veces son como un martirio por la presión que ejercen, como si un error arrastrase el resto de la semana y una mariposa debiera aletear perfecto ese día para que la luz que lo definiera todo no se cayera.
Martes
Me gustan los martes por las mañanas de segundo intento, un escalón más en el camino para recorrer ya sea rápido o lento, y a veces me mortifican por la sensación de presagio de un nuevo error, un nuevo lamento.
Miércoles
Me simpatizan los miércoles por los abrazos de calor y el poder detallar el oxígeno, y me juzgan de vez en cuando por lo sencillos, determinantes y a la vez críticos que llegan a ser para el camino de la semana.
Jueves
Me agradan los jueves, por su cercanía esperanzadora a las conclusiones de días pasados, sus casualidades y sus aires nuevos que aparecen aproximados a un mejor venir, y me vienen mal, al pensar en el posible desorden que cometí, al preguntarme como lo haría de nuevo en otra vida.
Viernes
Me encantan los viernes por lo que culminan, como el inicio de una salida, el escape de una posible agonía, un nuevo día que no necesariamente sea un descanso pero si traiga un nuevo clima y me soberbian por mi autoevaluación, la disfuncionalidad de mi pensamiento a la ejecución, la rareza con cara de llegar a ser tristeza en alguna ocasión.
Sábado
Me entusiasman los sábados por la libertad que en ellos imagino, la oportunidad de encontrar un sentimiento genuino fuera de los baches sin sentido y me duelen por la decepción de no reconocer ni donde estoy, ni a donde voy, y no lograr lo que creía fácil en percepción.
Domingo
Me sorprenden los domingos con sus anomalías armonizando cada espacio que pisó, sus colores de un desconocido cobertizo, con los cuales se puede llegar a pintar un paraíso y de vez en cuando los lamento por las tormentas que caen después de acumular una montaña de truenos y por aquellos relámpagos que se me clavan a media noche quitándome la paz y el sueño.
Fin
Pero así pasan las semanas y al menos puedo decir que encuentro algo interesante en cada una, algo que contiene el perfecto balance para hacerla recordable sin hacerla caer en un pesado recuerdo titilante que cargue de allí en adelante.


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