YO Y MI HERMANA CLARA de Dimiter Inkiow: como la nostalgia y casualidad crean percepciones

 “- ¡Clara! ¿Tú le has hecho esto a tu hermano?

-Sí mamá

- ¿Y por qué hiciste eso?

-Porque él quería.

- ¿Qué dices? ¿Qué él quería que le hicieran eso? –preguntó mamá asombrada.

- ¡No! ¡Yo no quería! –protesté-. ¡Miente! ¡Ella miente!

-No estoy mintiendo. Incluso me pagó. Me dio cinco monedas, una goma de mascar y cuatro botones –dijo mostrando los cuatro botones y las cinco monedas-. ¡La goma ya me la comí!

La verdad es que no pude decir nada.

-Mañana tienes que ir al peluquero –me dijo mamá-. Así no puedes salir a la calle.

- ¡Claro que puede salir! –dijo Clara-.  ¡Con una gorra!”

Se puede imaginar de qué situación parte el anterior fragmento, pero lo que aún me cuesta comprender es como a mis 15 años de edad me ha afectado tanto un libro como “YO Y MI HERMANA CLARA” de Dimiter Inkiow. 

Termine leyendo este pequeño libro por casualidad, como todo lo que había pasado en mi vida últimamente, me encontraba al lado de la mini biblioteca que tenemos en mi casa sin una idea clara de cuál sería mi siguiente lectura, –Venía de leer un Bestseller del New York Times y un clásico  de corta duración, aunque en realidad me considero una persona poco exigente a la hora de escoger una libro-  así se me ocurrió preguntar un número a alguien  y contar los libros de la estantería en orden  hasta llegar a aquel número, el resultado de mi juego fue descubrir un libro traducido por editorial norma el cual se recomienda leer a partir de los 7 años. Como no tenía mucha interacción social por aquellos días, pero sí colegio, lo he leído en dos días entre mi casa, las clases libres y los “Descansos”,(Aunque para ser sincera es una lectura que fácilmente se podría realizar de corrido en menos de tres horas) y por ese corto tiempo mi único amigo pareció ser este libro.

Entrando en materia, YO Y MI HERMANA CLARA, es una recopilación de doce historias cortas las cuales narra un niño en primera persona sobre él y su hermana clara, estas historias se entrelazan entre sí en orden cronológico,  transcurriendo principalmente en el edificio donde viven estos dos hermanos. El libro inicia con el niño (Cuyo nombre jamás se menciona) introduciéndonos en una descripción, llena de su característica inocencia y encanto infantil,  a sí mismo y a su hermana Clara, y partir de allí se narra cómo a partir de la gran imaginación e inocencia de estos dos niños nacen ideas las cuales llevan acciones que crean situaciones y aventuras las cuales se irán desarrollando en cada capítulo.  Estas inocentes acciones transformadas por nuestros protagonistas en entretenidos relatos, con el transcurso de la historia incluyen a personajes secundarios los cuales dan lo que llamaríamos el choque de realidad a los niños, aunque he de admitir que varias ideas de ellos podrían haber sido verdaderas en las infancias de algunos infantes. 

Desde las monedas para comprar un helado y la cigüeña que entrega bebés hasta la sopa desastrosa e incluso el perro de raza, no he podido dejar de recordar mi propia infancia como hermana mayor. Y es que es aquí donde no encuentro mucho sentido a él porque este libro ha captado mi atención, y es que si bien yo también fui una niña no hace tanto y una hermana mayor además, yo no crecí en la Europa de los 70”s, ni tampoco viví con una familia como la de aquella época, ni recibí un perro de raza comprado por quién sabe cuánto dinero, pero entonces ¿como una joven latinoamericana como yo, puede identificarse con un libro infantil como el de Inkiow?. Se me ocurren dos respuestas, número uno, a pesar de no tener una vida como la del par de hermanos, yo soy una hermana mayor y en algún momento fui una niña con una hermana menor aún más pequeña que Clara (Aunque en mi caso por aquella época, le creían más a ella que a mí) y con una imaginación que le daba respuestas e ideas fantásticas a las situaciones del mundo, y número dos, a pesar de conocer toda la realidad y respuestas a la imaginación de estos niños que se encuentra detrás de sus aventuras, yo me sigo maravillando con las ideas aunque no se acerquen a mí, aunque no puedan ser mías, mi curiosidad no acaba así como mi creatividad y mi capacidad por dejarme llevar de una historia sencilla pero que me aleje por un momento de la lógica que parece regir el mundo o al menos el mío, me deja disfrutar de estos cortos relatos narrados con una querida ilusión a pesar de ser considerada como una adolescente a mi edad.

Y tal vez haya otra razón, cuando leía mi hermana Clara me sentía estancada, confundida, frustrada, hasta me travería a decir deprimida en cierta instancia pero no sentía que contara con el tiempo o la energía para analizar por milesima vez la razón de mis bajos sentimientos, y de casuallidad llego a mis manos este libro, sin que lo pidiera y mucho menos lo esperara, y me acobijo en un pasado, pero no aquel que me había causado tanto daño en aquel momento, sino una epoca más remota en la cual yo era feliz y triste, y esos sentimientos no eran tragicos sino maravillosos, epoca en la cual hacia y cometia todo error y solución sin esperar mucho a cambio, epoca donde me parecia que la vida era solo para vivirla, y por un momento la nostalgia por esos tiempos me salvo de alguna manera de caer más bajo si es que eso era posible. Este libro no es mi favorito, ni una obra maestra de la cual creo que vaya a oír a muchos criticos, pero no necesita serlo, a mi me bastara con recordarlo como aquella obra que le dio un abrazo a mi corazón cuando creía que este no volveria a sentir nada tranquilo de nuevo.


Dimiter Inkiow fue un escritor búlgaro de cuentos infantiles. Estudió ingeniería de minas y más tarde en la Academia de Arte Dramático de Sofía, donde obtuvo el título de director escénico. Escribió varias obras de teatro antes de tener que abandonar el país en 1965 por problemas con el gobierno búlgaro. 

No encontre mucha informacion sobre este autor, solo puedo decir que si en el día de hoy se me diera la oportunidad de hablar con él, le agradecería por su pequeña gran obra la cual para mí describe bien el dicho “No juzgues un libro por su portada”, no lo hice y no esperaba nada pero sus letras terminaron dando un poco de luz en mis días tempestuosos durante el pasado año. 

De mí para todos los autores, ya sea de relatos, de ensayo, de crítica, de escrito, poesía o cualquier otro tipo de texto: por favor, ¡no dejen de escribir!

Historias como las de Clara y su hermano, como aquellos escritos que no espero leer y terminan por ser los más  sorprendentes y fascinantes en su momento, son aquellos que causan en mí los sentimientos por los que sigo leyendo.

Mientras el mundo me siga causando algo, yo seguiré creando, creyendo que nada es totalmente como se dice en realidad, que la llamada ficción no está lejos de ser posible.

Que bella casualidad publicar la primera entrada de este blog en el día internacional del arte.

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